sábado, 13 de setembro de 2014

¿De que hablamos cuando hablamos de libertad? - Por Luis Alberto Warat.



Por Luis Alberto Warat

Esta es la pregunta de la película "Blue" de Krzysztof Kieslowski: la respuesta: hablamos de amor.

Tengo siempre la sensación, difícil de razonar, de que la autonomía (libertad) es sobre todo una cuestión de amor. El filme de Kieslowski confirma mi impresión con excepcional esplendor estético. Tuve la suerte de ver esta película mientras escribía este texto. Algunas miradas de Juliette Binoche y algunos planos del filme me están diciendo más que cinco páginas de Deleuze sobre los devenires, Blue es la película de un hombre que sabe el oficio de vivir, que trata de enseñarlo transmitiendo ese deseo de estar, por el amor, enteramente vivos.

La libertad es un acto de ternura que nos despoja de los vacios, que cancela represiones y alivia el peso de las censuras, de tantas hipocresías y trivialidades disfrazadas de cosas importantes. Adioses sin anestesia. La aceptación de los dos rostros del sentimiento (felicidad y dolor) como deseos de estar vivos. Libres por entender que el dolor se incuba en la felicidad. Todo dolor nos lleva de regreso a la vida, al amor. El sufrimiento tiene un lado creativo. Sin saber lo que es sufrir no se puede apreciar su ausencia, ni entender el dolor del otro. La libertad es un mundo de dolor y de descubrimientos. Si uno tiene una vida fácil faltan las razones para preocuparse por los otros. El dolor construye. Ningún profesor puede enseñar más que el dolor. Es la entrada en un punto de giro. El viaje de retorno al presente. La felicidad no es el lugar donde no se sufre.

Libertad; tierra de sombras, adioses, dolores, partos, encuentros; pero finalmente tierra de solidaridades. Tinieblas que se desplazan dando luz. La autonomía como comprensión de que es precisamente la falta del otro lo que nos quita libertad. La falta de amor nos encierra en nosotros mismos. Soledad como cárcel y omnipotencia como prisión. Poder pedir y dar ayuda, también eso es libertad.

Julie, la protagonista, llegó al hueso de la experiencia amorosa (dolorosa). Trató de despojarse, inútilmente, de la memoria y del mundo. Una leve ráfaga de viento puede cerrar nuestra puerta dejándonos a la intemperie.

La libertad es un tipo de sensibilidad desplegada en los encuentros, el grado de apertura para la vida que cada uno se permite a cada momento. Es una actitud de protección de la vida. El desencantamiento de las máscaras que nos van constituyendo. El rechazo de los gestos de destrucción de uno mismo y de los otros.

La libertad es una estrategia de producción del deseo en el campo social. Espacios de circulación de nuevas sensibilidades y nuevos lenguajes.

Las máscaras no hacen más sentido. Julie, quiere sentirse enteramente extranjera en el tiempo. Una absoluta exposición a la finitud. Un bloqueo absoluto en el equipo sensible. No quiere tener ninguna identificación con los territorios de la vida. No está libre, está suelta. Todos los sentidos en suspenso, generando más inseguridad que libertad.

La filosofía fue siempre propensa a trabajar en términos abstractos de libertad. Ignoró hablar de la libertad existencial como lo que se encuentra en los sentimientos sin ataduras. La libertad como una mágica travesía hacia los sentimientos que la limitan. Nunca un viaje al desierto. No depender de los sentimientos no es despojarse de ellos.

La protagonista de Blue pretendió desprenderse de todos sus vínculos pasados, y actuales. No pudo. No consiguió detener el devenir de sus sentimientos. Intensidades que no le reconocen la libertad de detenerlas. Podemos construir mil corazas, otras tantas defensas. Podemos aislarnos de casi todo. Podemos armar el más seguro de los refugios. Seguiremos sin ninguna garantía para anular las intensidades afectivas. No hay desierto que imponga sus ausencias. Julie trató en vano de liberarse de los sentimientos. Trató de entender la libertad como un desprendimiento de todos los sentimientos. Ellos llegaron de nuevo. Sintió asco por las ratas que invadieron la asepsia de su nuevo mundo y tuvo que pedir ayuda. Se sintió engañada y necesitó saber. Pudo llorar y nacer de nuevo. Encontró su libertad consiguiendo amor.

La libertad como búsqueda de amor? Comienzo por la libertad que se encuentra liberando amor reprimido. Hay una evidente pérdida de libertad en los afectos reprimidos, en la melancolía.

Se abandona también la libertad cuando se deja de investir en los objetos, o cuando se desestima a los otros y a los afectos. Un (no) lugar que nunca puede ser reconocido como lugar de libertad. Esta es la situación de la protagonista que no se propone vivir con sus afectos reprimidos, los quiere desestimar. Una diferencia notable, por ejemplo, con la protagonista de “Hiroshima, mon amour”, que quería – sin conseguirlo- volver a encontrar el lugar para el amor. No se negó a investir de nuevo, no podía.

Nuestra libertad está en nuestra condena a investir. Lo que no es un límite. Es nuestra única posibilidad.

Somos libres cuando aceptamos y entendemos por los sentimientos, la diferencia del otro.
Autonomía y libertad son palabras de sentido imposible cuando las personas deciden no involucrarse. Imposible vivir la libertad al margen de los afectos, es una ecuación demasiada calculada.

En Julie no hay ningún viaje hacia la libertad obsesionándose en ejercitar la insensibilidad. Ella recién comienza a encontrar la libertad cuando los afectos y la memoria comienzan a filtrarse en su alegoría de abandono del mundo. Antes sólo el ritual de un olvido. Un deseo de olvido que la convierte en prisionera de su pasado. Borrar el pasado es una manera de ritualizarlo. Una forma de permitir que el pasado nos capture. El pasado también tiene un devenir. El sentido del pasado nunca se detiene, se actualiza permanentemente. Querer olvidarlo es fingir detenerlo para convertirse en un muerto entre los vivos. Ser libre no es separarse del pasado. Se puede liberar del pasado permitiendo su devenir como pasado presente. Olvidar, no olvidar? La cuestión no es por ahí.

Ser libre es dejarse sorprender por la vida. La deconstrucción del sujeto capturado. Ese hombre que fue institucionalmente producido como sujeto. El hombre que se siente sujeto por una red de representaciones racionales. La imagen que las armas de la razón me devuelven de mi mismo para impedir que acepte el presente como sorpresa.  Perdemos la libertad cuando no nos permitimos transitar un sentimiento valorado de antemano. Una conciencia que anticipa lo que quiere para no aceptar lo que la vida nos propone como diferencia. La ceremonia de la razón que ritualiza el afecto. El hombre que idealiza sus expectativas para sumergirse, por las partes que no consigue realizar, en la frustración. Lo distinto vivido como frustración y no como sorpresa. No podemos aprovechar el presente por le miedo a la sorpresa. Desterrarse en el inmovilismo latente de los sentimientos calculados. Todo lo que no deja escuchar lo que interrumpe lo esperado.

Nadie es libre si no consigue resolver el problema del otro. En el otro encontramos la fuente de vida más intima. Otro que está dentro de nosotros mismos.

Estoy hablando de la libertad que se aprende a aprendiendo a querer. Hablo de la ternura, el sueño, y la poesía, como el camino que nos va permitir entender lo que queremos de nosotros mismos. Es decir la libertad, como una forma de entendernos, por el querer del otro. El otro como poesía: el amor. No hay otra salida para vivir la libertad. Esa poesía que se crea con el otro. Tus sueños vistos con el otro, cuando se consigue crear un “entre los dos” que es libertad. En esa revelación del querer, que muestra los caminos del propio entendimiento creativo. La libertad generada por un encuentro.

Sabiendo querer se posibilita la libertad como encuentro. Es la única forma de vivir la libertad.
Ser libre es intentar armar con el otro, un sentido mágico de la existencia. Eso Julie pretendió negárselo a si misma. Trató de establecer un no saber- querer para su futuro. Intentó romper con el campo magnético del amor. No pudo. La llamada de lo magnético fue más fuerte. No consiguió ignorar a los otros. Ellos la invadieron, consiguieron la subversión –por la impureza- de lo que Julie trató de ritualizar. Los puntos de fuga hacia la vida hablaron más fuerte. Salieron victoriosos los grandes enigmas del amor, del dolor, de la sexualidad y del sueño. Ellos consiguieron vencer en Julie, la imaginación que delira. Fueron enigmas que disolvieron una pesadilla, proyectándose como posibilidad de cambio, que deja oir al propio deseo. La poesía permitiendo la construcción del otro como metáfora imprevisible.

Un hombre crece con sueños, es la poesía que transforma el mundo celebrando la vida por la fantasía de la esperanza. Esa metafísica de lo imposible, como gestión de potencias, que aproxima la imposibilidad a su campo de realización. La imposibilidad soñada como posibilidad creadora de mundos mejores, previsibles y cada día más posibles. La libertad entendida como viaje de lo imposible hacia lo posible. La libertad es del orden de la organización de lo imprevisible, la producción de acontecimientos que llamen a otras formas de vivir.

La libertad entendida como poesía. Nadie es libre cuando sueña con mundos completos e idealizados. Mundos que nos dejan prisioneros de sueños perfectos nunca realizables. De ahí la libertad como poesía que acoge la imaginación colectiva. La libertad determinada por la producción del futuro. Se renuncia a la vida cuando no se apuesta, con el otro, poéticamente en le futuro. Es la renuncia a la vida de Julie, que desestimó la dimensión poética de su cuerpo negándose a tener futuro. Ella pretendió continuar viva idealizando (perfecta) la pulsión de muerte (negando toda posibilidad al futuro de sus afectos). Algo imposible de conseguir mientras se está con vida.

La poesía el otro como poesía, es el único antídoto cuando se apuesta en el desencanto como valor absoluto. El valor curativo del amor como apuesta de libertad.
Navegar es preciso. La libertad como cartografía amorosa, que permite descubrir tierras ignotas.

Estamos frente al desafío de construir otro tipo diferente de “realidad significativa”. Necesitamos de otras palabras para inventar el imaginario de la emancipación transmoderna. En otros términos el rechazo de las categorías heredadas de la política y la filosofía moderna se hace indispensable para continuar sosteniendo la autonomía de la esperanza. Ella sólo se mantendrá inventando otros sentidos, otras categorías.


Fuente: WARAT L. A (1996). ¿Por Quién Cantas las Sirenas”. Jaoçaba, Brasil. UNOESC/CPGD-UFSC..

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